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DESDE CHILE:

AMERICA LATINA EN ESTE MUNDO

Mario Benedetti

En el tablero del Tercer Mundo, América Latina nunca fue la pieza favorita de Europa. Asia y Africa siempre estuvieron mas a mano, mas vinculadas a la geografía, a la historia y al arte del Viejo Continente; la América del Norte, en cambio, estuvo y esta (OTAN mediante) mas cerca de sus respectivos estados mayores. Aunque no siempre resulte evidente, desde uno u otro de esos tres espacios se generaron influencias diversas (culturales y/o políticas, religiosas, financieras, militares) sobre Europa. América Latina significo, por el contrario, apenas una remota tentación de dominio.

Lo cierto es que entre Europa y América Latina media algo mas que un océano. Media sobre todo una actitud. Dado que el subcontinente latinoamericano pertenece, en términos económicos y militares (vale decir, en términos reales) al supercontinente norteamericano, esa relación ha sido hasta ahora tácitamente aceptada por Europa. De ahí que, para no molestar al gigante nunca dormido, la lupa de París o de Londres prefiera posarse sobre el sabroso Carnaval de Río antes que sobre la deuda externa; sobre el régimen de partido único vigente en Cuba antes que sobre los casi 90 años de ocupación norteamericana de Guantánamo; sobre los cambios de peinado del Presidente Ménem antes que sobre la sistemática destrucción ecológica de la Amazonia.

Es claro que el Primer Mundo no es el único responsable de la marginación y el empobrecimiento de América Latina. También lo son, y en grado no despreciable, las capas gobernantes de nuestros países, a las que por lo general les ha faltado osadía, imaginación, una genuina sensibilidad en relación con la justicia social y en particular un mínimo decoro en la defensa de las respectivas soberanías nacionales. Hoy por hoy, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial tienen en cada país de América Latina un poder considerablemente mayor que cualesquiera gobiernos de la zona. El FMI ordena y los aquiescentes mandatarios acatan, sin violentarse demasiado, ya que los destinatarios de las implacables medidas son siempre las capas mas desvalidas de la sociedad. Los objetivos de la banca internacional y del Fondo Monetario (esos "decidores" de que habla Lyotard) suelen coincidir con los intereses de los sectores acaudalados de cada país, de modo que allí no hay colisión ideológica sino idilio financiero.

Para los transigentes y/o resignados que sostienen que los gobernantes latinoamericanos no tienen otra opción que acatar los dictámenes del Fondo Monetario, los hechos recientemente ocurridos en Haití, Venezuela y Perú, vienen a demostrar que cuando el FMI, engolosinado con su poder arrollador e implacable en su política de precios y menosprecios, se desentiende del costo social que acarrean sus normas vejatorias e intereses leoninos, el rechazo y el crispamiento populares pueden volverse incontrolables y aun optar por un recurso tan extremo como el apoyo a la insurgencia militar, siempre acechante en la sombra y que por supuesto no tiene escrúpulos en usar, para sus fines desestabilizadores, el extendido inconformismo social.

A pesar de los delirios de algún presidente, América Latina no quiere ser Primer Mundo sino que la dejen ser Tercer Mundo pero con decoro y sin hambre, con dignidad y sin un puñal en la garganta. Entre los varios monopolios que nos consumen y nos desgastan, no es por cierto el menos provechoso el monopolio de la fuerza.

Sin embargo, creo que todavía quedan resquicios para el optimismo. Es cierto que el fiasco de la Unión Soviética significo una fuerte sacudida no solo para los partidos comunistas locales sino para toda la Izquierda latinoamericana. Se compartieran o no los presupuestos ideológicos de la URSS y aun rechazando explícitamente los procedimientos stalinistas, a los latinoamericanos les constaba que movimientos revolucionarios como los de Cuba y Nicaragua, que tan singular importancia adquirieron para toda la zona, tal vez no habrían podido consolidarse sin la ayuda económica, la asesoría técnica y la provisión de petróleos soviéticos.

Curiosamente, esa contribución solidaria genero a la postre otro tipo de dependencia. Los sectores progresistas de América Latina estuvieron, por esas y otras razones coyunturales, demasiado condicionados por la orientación que la Unión Soviética iba adoptando en los severos enfrentamientos de la Guerra Fría. Mas de una vez las decisiones puntuales tenían mas en cuenta los supuestos intereses de la URSS que la situación especifica de cada país.

PRO Y CONTRAS

Concluida inopinadamente esa dependencia, con la disolución del PCUS y la disgregación de la propia Unión Soviética, el abrupto cambio genero crisis de diversa intensidad en los partidos satélites de todo el mundo, incluidos por supuesto los de América Latina. Como era previsible, los coletazos de tales reajustes alcanzaron al resto de las izquierdas. Ya es tiempo de preguntarnos si las consecuencias de la demolición soviética son positivas o negativas (y sobre todo para los pueblos) latinoamericanos.

Son indudablemente negativas si se tiene en cuenta que la invalidación de la Unión Soviética y en consecuencia del Pacto de Varsovia, como conjunción militar de primer orden, deja a Estados Unidos, en ese terreno, como potencia hegemónica mundial, y América Latina ya sabe con creces que significa esa supremacía para sus frágiles fronteras y precarias economías.

Sin embargo, también se puede especular sobre derivaciones positivas. A diferencia de la Unión Soviética, la CEI de Boris Yeltsin no tiene el menor interés en América Latina. Bastante preocupación tiene con no irritar a su nuevo líder, el presidente Bush, y con disputarle a Ucrania los remanentes del ex Ejercito Rojo. Si dejo abandonada a Cuba, con la que había toda una tradición de intercambio y solidaria asistencia, menos le van a preocupar a Yeltsin los conflictos internos que la disolución de la URSS pueda haber provocado en partidos meramentes subsidiarios. De modo que, no solo para estos sino para toda la Izquierda latinoamericana, Moscú ha dejado de ser obligada referencia. Que puede significar este distanciamiento para la franja progresista de América Latina

Por lo pronto, es previsible que cada partido o movimiento o coalición de izquierdas, en un país determinado, llegue a la conclusión de que tanto su acción futura como la definición y el ajuste de su rumbo político, deberá resolverlos por si mismo o en alianza con sectores políticos ideológicamente afines o de pragmática y reciproca conveniencia. Cabe recordar que las actitudes internas o externas de la Unión Soviética han sido, a través de los años, notorios factores de irritación dentro de la Izquierda latinoamericana. Aunque los matices fueron múltiples, siempre existieron, por un lado, la tendencia que consideraba prioritaria la atención, poco menos que exclusiva, al contexto latinoamericano y, por otro, la propensión a defender, adoptar y aplicar casi religiosamente las posturas asumidas por la URSS. También el marxismo-leninismo, como sostén ideológico, constituyo en esencia una frontera en la que siempre hubo escaramuzas.

No creo sin embargo que, ni entre los marxistas mas irreductibles ni entre los mas encarnizados, abunden los lectores de El Capital. Incluso es posible que, en los últimos veinte años, los libros divulgadores de Marta Harnecker hayan convocado mas lectores que las obras originales de Marx y Engels. Tanto el marxismo como el antimarxismo se recibían como legados, casi como dogmas que no era necesario verificar ni desentrañar. Se era partidario o enemigo de sus consecuencias (lucha de clases, factores de salario, recurso de la huelga, distribución de la riqueza, etcétera) antes que de sus esencias.

No es imposible que, de ahora en adelante, para la clase trabajadora, el factor refinadamente ideológico pese menos en la adopción de tácticas y estrategias que la circunstancia concreta, esa que atañe directamente a sus necesidades y derechos, asumidos en la lucha diaria y a través de la propia historia del movimiento sindical. Por supuesto que esto no significa propugnar un analfabetismo doctrinario sino mas bien clarificar el discurso teórico a fin de no apabullar el destinatario social con fórmulas intrincadas y poco menos que esotéricas.

Naturalmente, el gran riesgo es caer en el utilitarismo ramplón, algo así como una excrecencia del famoso mercado de consumo. Un aceptable objetivo para los complejos tiempos que se avecinan seria hallar una vía movilizadora que no caiga ni en un ideologismo exquisito ni en un pragmatismo de supermercado. Con mucha mas intensidad y probablemente con mayor eficacia que antes de la trepanación del Golfo y su posterior autopsia, las masas serán bombardeadas, ya no tanto por propagandas reblandecedoras como por hechos consumados. Ocurre sin embargo que la impunidad nunca ha sido buena consejera, y prueba de ello es que, a través de la historia, todos los imperios han terminado mal. Y como, a pesar del presuntuoso Fukuyama, la historia no parece estar dando sus ultimas boqueadas, pueda quizá vaticinarse, con escaso margen de error, que también acabara mal el actual imperio hegemónico. Ahora bien, ¿como y cuando? ¿Será esta una mera expresión de deseos? Es probable que si lo sea, al menos en mi caso, pero no todas las expresiones de deseos son inverosímiles.

FUTURO CON ESPERANZA

Por lo pronto, cuando pasen las explicables zozobras y vibraciones de los recientes sismos y cismas políticos, es posible que la gente (no la jet society ni los lozanos rostros y cuerpos de "¡Hola!", sino la gente común y corriente, la que vive para trabajar y trabaja para vivir) empiece a comprobar, en carne y pellejo propios, que el capitalismo es cada vez mas salvaje y menos filantrópico, mas mezquino y menos indulgente. Así como la espina dorsal del comunismo ( innegablemente desvirtuada a través de la gestión malversadora y delictiva de alguno de sus líderes) era la obtención de un decoroso nivel de vida para el ser humano, la espina dorsal del capitalismo (atenuada en ciertas ocasiones, gracias al innato sentido humanista de algunos de sus dirigentes) es la explotación ( y no tengamos vergüenza de emplear ciertas palabras que aun no han encontrado sinónimos mas dulces) de las grandes mayorías por pequeñas minorías "decidoras". Y esas minorías "decidoras" no suelen conocer la piedad, aunque si conocen el miedo.

También en América Latina los pueblos han empezado a sacar cuentas. Salvo el obvio y acorralado caso de Cuba y el menos tangible de la Nicaragua sandinista, el marxismo nunca pudo instalarse en esa jurisdicción del subdesarrollo. O sea, que el tan satanizado comunismo no es el causante de los notorios males, carencias y padecimientos que a esta altura son endémicos en la región. Sin olvidar la cuota de responsabilidad que cabe a los gobernantes de países tan dependientes como los nuestros, es obvio que las implacables normas del capitalismo y sus factores económicos, su decisiva intervención y capacidad decisoria en superorganismos de solo "fachada" internacional, son por lo menos cómplices y casi patrocinadores (en el mejor de los casos, nada hicieron por erradicarlas) de lacras y anomalías como el analfabetismo, los brotes epidémicos, el creciente desempleo, la desigualdad social, la agresión ecológica, la crisis de vivienda, el descenso del poder adquisitivo, el deterioro cultural, la perdida de soberanía, la humillante atención de la salud publica. No deja de ser curioso que, en este ultimo rubro, especialmente, sea la denostada Cuba socialista la que ha logrado los mejores resultados de todo el subcontinente y en mas de un aspecto ha igualado y hasta superado los índices de Estados Unidos. Aun la plaga del narcotráfico no habría llegado a las pavorosas cifras actuales si Estados Unidos no consumiera el 80% de las drogas que se producen en el mundo. Y conviene no olvidar algo que ocurre en Colombia y que constituye una penosa incriminación a la impiedad del sistema capitalista en el contexto del desarrollo: el innegable prestigio de que gozan los capos del narcotráfico en los sectores mas desposeídos de ese país se debe a que los distintos carteles de la droga les construyeron las decorosas viviendas y las imprescindibles policlínicas que los gobiernos "democráticos" nunca les brindaron.

AUGE Y CAIDA

Frente a perspectiva tan desalentadora ¿qué factores podrían estimular un vuelco positivo en América Latina? Algunos son externos. Por ejemplo, la situación económica que hoy vive Estados Unidos sitúa a la nación tan pujante ante una sorprendente emergencia. En una de las mas turbadoras paradojas que haya propuesto hasta ahora la historia, la abrumadora y abusiva victoria del Golfo, una vez concluido el jubileo y la orgía del poder militar omnímodo, trajo insólitamente consigo un descrédito para el gobierno norteamericano, casi comparable al que siguió la derrota en Vietnam. El presidente Bush y el Pentágono habían calculado que una victoria contundente y fácil ( ¡50 muertos propios contra 300 mil ajenos! ) frente a un rival sin motivación ni envergadura, ahuyentaría para siempre los fantasmas de Vietnam, pero no tuvieron en cuenta que podían ser sustituidos por otros fantasmas: los de la recesión económica. ¿Qué importaba en definitiva a la sociedad norteamericana, que ha sido educada desde el parvulario, en la exaltación del utilitarismo y el sagrado confort, que las tropas yanquis se cubrieran de problemática gloria en el desierto y que incluso enterraran vivos en la arena a los despavoridos soldados iraquíes, si en el mercado interno quebraban bancos, cerraban fabricas, expiraban la Pan American y otras compañías aéreas y, gracias a la nueva e idílica relación entre Este y Oeste, en las industrias bélicas crecía el numero de desocupados en varios cientos de miles? En Estados Unidos, el confort ha sido la religión mas importante de este siglo, pero hoy el ciudadano norteamericano puede volverse herético y aun no sabe a que extremos podrían llegar los ateos del confort. Hasta ahora, y a través de los siglos, el fin de cada imperio llego cuando fue derrotado en los campos de batalla; el fin de este imperio, si como es de prever llega a producirse, llegara insólitamente a continuación de una victoria y al ser quebrantado por su propia y torpe imprevisión interior. Por supuesto, semejante fractura domestica le vendría de perillas a América Latina.

No obstante, sin necesidad de apostar a ese difícil ojalá, hay otras circunstancias que pueden beneficiar a nuestros países.

Deteriorado o no por las razones antedichas, de todas maneras Estados Unidos, si bien sigue en posesión de la máxima fuerza militar, no goza de una paralela hegemonía en el plano económico y no parece en condiciones de poder competir exitosamente con Japón o con Europa liderada por la implacable Alemania, ya en camino de su Cuarto Reich. En el caso de que esa relación de fuerzas se consolidara, no es improbable que la Comunidad Europea, perdido ya el complejo de inferioridad frente a Washington y a Wall Street, se decidiera por fin a mirar hacia América Latina, sin indiferencia y sin altivez. Empezando por España, claro. No hace mucho el rey Juan Carlos expreso el loable deseo de que América Latina no considere a España como una fortaleza. Eso será posible solo cuando la fortaleza española permita que desciendan sus puentes levadizos, uno de los cuales lleva el intimidante nombre de Ley de Extranjeria.

LECCIONES DE DEMOCRACIA

De todas maneras, alumbre o no esa nueva disposición europea, América Latina debe asimilar de una vez por todas que de ahora en adelante habrá que depender primordialmente de si misma. Si vienen las ayudas o los convenios equitativos, sin intereses leoninos y sin ofensa a nuestras soberanías, mejor; pero si no vienen, tampoco es cosa de desesperarse. El nuestro es uno de los continentes mas ricos, con mejor material humano, con rasgos culturales propios, son suelos fértiles y nobles subsuelos, con espacios verdes y patrimonios ecológicos (verbigracia, la codiciada y agredida Amazonia) gracias a los cuales la humanidad respira. ?Por que entregar toda esa fortuna natural a la codicia de los modernos y sórdidos conquistadores de El Nuevo Desorden Internacional esta provocando que unas naciones se reunifiquen y otras se disgreguen. Tal diversidad de síntomas genera graves contradicciones y afila nuevas mezquindades. Unos muros caen y otros se construyen con urgencia. Los nacionalismos, neofascismos y xenofobias, en una tergiversación del mandato bíblico, crecen y se multiplican. La circunstancia de que América Latina, por menosprecio o por simples medidas de "higiene" política, ideológica o racial, este al margen de esos atolladeros, probablemente le ayude a hallar o confirmar si identidad, o mas bien sus identidades; cuanto mas unidas, mas fuertes y creadoras. El futuro mas promisorio de nuestra América no reside en su falsa homogeneidad sino en la real y aceptada cercanía de sus heterogeneidades.

Pocos nos ayudan, pero todos nos quieren dar lecciones. Los maestros de democracia están de moda. No hace mucho, el notable escritor portugués Jose Saramago llamaba a las cosas por su nombre (y no por su seudónimo): "Antes de pensar en exportar la democracia misioneramente, como una religión nueva, al resto del mundo, deberíamos buscar la manera de producirla y distribuirla mejor en nuestra propia casa". Refiriéndose luego a "la antiguamente deseable coincidencia y simultaneidad de la democracia política, cultural y económica" señaló que esa triada "esta hoy despreciada y tirada a la basura como un zapato viejo. La idea de democracia económica dio lugar a un mercado obscenamente triunfante y la democracia cultural a la masificación industrial de las culturas. No progresamos, regresamos".

¿Qué lección democrática nos puede dar Estados Unidos cuando allí la mayoría absoluta pertenece al Partido de Abstención, o sea, que mas de la mitad de sus ciudadanos no confía en su sistema de gobierno? Y aún en Europa: la segregación efectiva de turcos, gitanos, albaneses, kurdos, "sudacas", africanos, magrebies y otros "indeseables". ¿No es acaso una asignatura pendiente de la paradigmática democracia europea? El hecho de que un ex nazi sea presidente de Austria, ¿puede ser un edificante ejemplo para un continente que aun no ha logrado desprenderse de Pinochet?

LUZ Y SOMBRA

Por eso dije antes que es mejor seguir en el Tercero, sin falsas molestias de viejos pobres ni deplorables jactancias de nuevos ricos que ni siquiera convencen a los venerables miembros de las famosas "patrias financieras". Ya tenemos suficientes miserias, plagas, hambrunas, analfabetismo, servicias, corrupciones, como para agregarles taras y estigmas importados. Para terminar quiero rescatar tres breves citas de tres poetas latinoamericanos que fueron asesinados por las respectivas represiones militares. Escribió el guatemalteco Roberto Obregón: "Solos pastoreamos las hogueras, conduciremos el rebaño / de incendios / como brujos adivinando en la obscuridad". Y el argentino Francisco Urondo: "Hay que pasar la noche / tocar la oscuridad" . Y el uruguayo Ibero Gutiérrez: "Si esta luz no es necesaria / preparemos otra oscuridad". La oscuridad, un denominador común. Es curioso que en un continente donde el sol baña todo, todo lo dignifica, los poetas ( y no solo los poetas, solo que ellos lo escriben) toquen, adivinen y preparen la oscuridad, se hagan expertos en ella. De ahí que hoy, cuando tantas tinieblas turban la vida, y las sombras se esparcen y nos rozan, es bueno que América Latina (donde las dictaduras colocaron tantas capuchas a la gente) tengamos experiencia de la oscuridad, sepamos como movernos en ella y, a través de ella, tras derrotar nuestras propias penumbras y cerrazones, hallemos el camino de regreso hacia la luz necesaria.

Publicado en Punto Final, primera quincena de junio de 1996, páginas 14-15.

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